Juan Ramón Valladares
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Biografía de Juan Ramón Valladares
https://youtu.be/h9zGBcq3N8k
Universidad
Nacional Autónoma de Honduras
Facultad
de Humanidades Y artes
Departamento
de letras
Catedra
Literatura Hondureña Optativa
Licenciada:
Sué Adriana Laínez
Alumna:
Melany Sarai Avilez Roque
N° de
Cuenta: 20181002107
Sección:
1000
JUAN
RAMON VALLADARES
* Danlí, 1865.
-f- Tegucigalpa, 1960,
El doctor Manuel Gomero
Idiáquez y doña Cornelia Valladares Vallecillo, fueron sus queridos padres.
Hizo sus estudios de
secundaria en el colegio que dirigiera
el "Maestro
Violeta".
De muchacho fue juguetón y
bromista.
En cierta oportunidad, un
condiscípulo suyo, Paco Valle,
hermoseó su nombre
estampándolo asi en un libro: Francisco
del Valle. Juan Ramón, ni
corto ni perezoso, agregó "cilio” al
apellido, leyéndose entonces:
Francisco del Vallecillo.
(El Vallecillo era el lugar
donde los padres del futuro autor
de Náufragos tenían sus
propiedades).
Amó intensamente la lectura.
Estudió mucho. Escribió poco.
En la cálida ciudad de Choluteca
editó un periodiquito y
publicó un libro de versos
(1891), que él mismo se encargó de imprimir.
Criticó a Juan Ramón Molina.
Se enemistaron.
El año de 1894 se trasladó a
tierras salvadoreños que tan
hospitalarias le fueran;
estuvo dedicado a labores comerciales.
En la capital cuscatleca
contrajo matrimonio' con la encantadora
señorita Francisca Ledtzelar, hondureña;
de Amapola. Este hogar
fue ejemplo de amor y de
fidelidad.
Firmó sus ensayos o escritos
literarios de esto manera: Juan
R. Valladares.
Tuvo lo dicha de extinguirse
en la tierra de sus antepasados.
Todavía olorosa o pino, roble
‘y yerbabuena..,
B
R UMA S
lAy! !Si es que la vida
encierra
sólo amargos sinsabores,
si por doquiera hay dolores
que nos hacen padecer,
yo de este mundo, Dios mío,
quiero levantar 'el vuelo,
quiero volar hacia el cielo
y allí admirar tu poder!
fe, ilusiones y creencias
las he perdido en un día!
todo 'en derredor me hastía
y tengo del mundo horror!
Hay un algo que me abruma,
que me espanta^ que me aterra. .
Quiero salir de la tierra
y huir también del dolor.
Todos caminan ciegos
con una vender en los ojos,
y aunque marchan sobre abrojos
van tras la felicidad:
perseguir una quimera
y buscar lo que no existe,
este es el destino triste
que cumple la humaniidad.
Ese es joven, preguntadle
a qué aspira, que ambiciona,
y él responde: Una corona
de palma, mirto o laurel;
y camina muy ufano
creyendo suyo el destino;
pero ¿qué halla en su camino?
Sólo torrentes de hiel.
Allí va otro; su semblante
lleva el sello de la duda;
batalla terrible y ruda
sostiene allá en su interior.
“Es un .santo'',
dicen unos;
"un malvado'', gritan otros;
más después decís vosotros:
"Es un mártir del dolor'.
¿Quién es aquél? Un guerrero
que marcha meditabundo;
quiere conquistar el mundo
tan sólo por ambición.
Alcanza al fin su deseo
en medio de la victoria,
y cuando es suya la gloria
expira en la corrupción.
jVed! Una esperanza es éste
para el partido plebeyo;
el ha vencido a Pompeyo
y marcha en carro triunfad mas la ambición lo decide
a deprimir al Senado,
y allí muere asesinado
por filicida puñal.
Ese es filósofo y sabio;
busca la verdad, la enseña,
y por demostrar se empeña
las leyes de rotación;
mas lo acusan de herejía,
y perseguido cruelmente,
es la víctima inocente
es la Santa Inquisición.
Aquel otro es visionario. . .
Concibe un mundo en su mente,
piensa encontrar el oriente
por opuesta longitud:
por eso le llaman "loco";
mas él un mundo descubre,
y aunque la gloria lo cubre,
sufre negra ingratitud.
Y éste que asombra y aterra,
que un semidiós nos parece,
mar que brama y se enfurece,
o desesperado león;
cuando alcanza gloria olímpica
y se ciñe una corona,
la fortuna fe abandona
en solitario peñón!
Pocos leen en el presente,
y ninguno en lo futuro;
el porvenir es oscuro
cual noche de tempestad.
Quizás es desconocido
para todos el pasado,
pues que nadie ha vislumbrado
ni un rayo de* la verdad.
jAy! (Cuándo las densas brumas
trastornan mi pensamiento,
algo de sombrío siento
que abruma a mi alma, Señor!
|Y te busco en lo infinito,
mas hallo tu omnipotencia
aquí en mi propia conciencia,
templada por el dolor!
1884.
Como el león africano soy altivo;
como el águila audaz soy altanero;
jamás por lo trivial me desespero,
y nunca por lo ruin yo me desvivo.
Yo, de lo grande y generoso vivo;
a la mujer por sus virtudes quiero;
y antes mil veces sucumbir prefiero
que de una veleidosa estar cautivo.
De la pasión y sufrimientos tantos,
mujer, tan sólo queda ya un murmullo,
y un recuerdo no más de mis quebrantos.
Desprecio de tu amor él dulce arrullo,
desprecio tus caricias, tus encantos,
que si es que yo se amar, me sobra orgullo.
LAS
MUJERES
Estudiando distintos caracteres,
hallé (si mi opinión no se desprecia)
que suelen con frecuencia las mujeres
apreciar al que menos las aprecia.
Son tantos sus caprichos y dobleces,
que no sé cómo el hombre las adora:
reír del que sufre es su placer, y a veces
sin motivo llorar con el que llora.
Altivas por, sus gracias y belleza,
desdeñan al que humilde las implora,
y saben con hipócrita dureza
despreciar al que tierno las adora.
Y creyendo que es firme el que 'es galante,
por más que la lisonja sea necia,
sucédeles burlarse del constante,
y adorar al que altivo las desprecia.
1888.
64
DESPUES
DE LA LECTURA DE "PABLO Y
VIRGINIA"
Las páginas de este libro
me dicen que sí existe
el fuego sacrosanto que alienta al corazón;
pero estas mismas páginas
me dicen que es muy triste
el fin de los que se aman
con fe y abnegación.
6
Bibliografía
SEVILLA, L. H. (1967). Antologia De Poetas Danlidenses.
Tegucigalpa: Biblioteca Central Coleccion Hondureña.
Antología de poetas danlidenses:
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